El barrio madrileño de Villaverde «territorio comanche»

«En el trabajo no saben que vivo aquí, digo que soy de Villaverde y ya está. Como especifique... me miran mal». Carmen es presidenta de una mancomunidad de vecinos de la calle de los Afluentes, en la barriada de Plata y Castañar de Villaverde Alto, y dice que ya ha aprendido a no concretar la dirección de su domicilio porque está cansada de los sambenitos que le cuelga la gente.

Su edificio da a un descampado que en su día iba a convertirse en un «ecobarrio» pero, por el momento, el proyecto está parado. Día sí día no, aparecen en la finca vehículos calcinados, vecinos de etnia gitana montando barbacoas o con piscinas hinchables para los niños y chavales del barrio haciendo «rallies» de coches. Pero el secarral en que se ha convertido la parte que va desde Afluentes hasta el Romancero Gitano es también el refugio de muchos «aluniceros».

Y es que este barrio es la cuna los más conocidos por la Policía. Después de colocar la mercancía robada en los edificios conocidos como «Las Torres», que albergan un auténtico mercado ilegal de productos robados, eliminan huellas quemando los coches en el descampado. «Si el Alto –por Villaverde– ya tiene una fama dudosa, a este barrio en concreto no se acerca nadie más que los que vivimos», asegura esta vecina que, tras confesar que le está costando «sangre, sudor y lágrimas» vender su piso, se contradice por un momento.

«Tampoco es que sea una zona peligrosa, yo no sé que se piensa la gente pero... sí, prefiero irme». Cuando Carmen dice que no se acerca nadie al barrio no es una frase hecha. Desde hace un tiempo, no se ven repartidores de pizza, ni furgonetas de supermercados que llevan la compra a casa, ni apenas taxis. No compensa. «Lo mejor que te puede pasar es que al chaval no le paguen», aseguran desde una cadena de pizzerías, porque cuando el repartidor terminaba de dejar el pedido, la moto ya había desaparecido.

Los taxistas también están atemorizados. «Muchos te dicen: a Villaverde y luego te van indicando hasta que te das cuenta que ya te han metido en el barrio. Yo he llegado a pasar miedo», dice Carlos. Los que no pueden hacer lo mismo son los empleados de Correos. Cuando preguntas a un cartero por el tema, desvía la mirada. «Como trabajamos por la mañana no hay problema pero si no lo conoces, es mejor no venir a ciertas horas. No hay muy buen ambiente».