Muchos siglos después, el desarrollo del ferrocarril en el siglo XIX transformó profundamente el municipio. La llegada de la línea Madrid–Aranjuez (1851) y posteriormente otras infraestructuras ferroviarias impulsaron el crecimiento industrial y urbano de la zona, especialmente en Villaverde Bajo.
Así, Villaverde pasó de ser un territorio natural y agrícola a convertirse en un importante nudo ferroviario e industrial del sur de Madrid, cuya historia continúa hasta nuestros días.